jueves, 4 de septiembre de 2025

Pensamiento desorganizado.

Se acerca el curso MIR y yo lo espero con la ilusión de un reo que estrena la silla eléctrica. Después de seis años de carrera infumable (más el máster encubierto llamado academia), una se pregunta qué clase de persona en su sano juicio firma voluntariamente un contrato con jornadas de 70 horas por menos de 2000 euros. Ni Ghost Rider, que vendió su alma al diablo, se sacrificaría por semejante mierda.

Mi abuela paterna, en sus últimos días en el hospital solía repetir: En qué lío me he metido. La pobre no eligió su destino, pero yo sí. Así que ni siquiera tengo derecho a quejarme… salvo que intente mover una pieza del tablero para cambiar las circunstancias, aunque sea para perder con algo más de estilo.

Ojalá la vida viniera con una de esas pizarras mágicas de la infancia: pintabas todo de negro, pasabas el borrador y voilà, borrón y cuenta nueva. Pero no, aquí la tinta es indeleble: cada error deja grietas. A veces se arreglan con masilla, otras con celofán, y en el mejor de los casos con cinta americana, que al menos da la sensación de que aguanta. Eso ha sido para mí la música en la vida, una perfecta cinta americana.

A menudo me pregunto  en qué momento se convirtió en mi salvavidas. ¿Fue en mis primeros balbuceos en la cuna, con el Adagio de Albinoni sonando de fondo? ¿O en aquellos inviernos de los noventa, cuando aún llevaba unas zapatillas mostosas con forma de perro azul y saltaba al ritmo de Walk of Life… o del disco Lo que nunca muere del Consorcio?. Parece que fue ayer cuando mi padre apareció con el Stiff Upper Lip recién salido del horno, y empezaron a sonar por toda la casa esos riffs electrizantes que daban nombre al disco. A mi madre nunca le hizo gracia que me pusiera AC/DC: ella era más de Antonio Flores y Luz Casal, pero por aquellos tiempos en mi corazón de niña había hueco para todos los estilos, aunque con el paso de los años el aforo empezó a limitarse.

La historia se torció cuando personas del sexo opuesto comenzaron a envenenar mis pensamientos. Entonces, algunas canciones se transformaron en un refugio amargo,  algo así como un contenedor de emociones agridulces y secretos inconfesables. Siempre sentí que no era del todo merecedora del cariño de nadie y, como buena fracasada, pasaba mis tardes de verano revolcándome en la miseria que mi propia mente inventaba, autocompadeciéndome por un supuesto amor no correspondido. Ahí entraron en juego The End of This Chapter de Sonata Arctica, Onpu no Tegami de Miyavi (muy internacional, sí) y varios temas de Anathema como One Last Goodbye o Ariel, por citar solo algunos ejemplos.

Ahora parece ser que le ha tocado el turno a uno de los discos de McAuley Schenker Group. Y no sé si seguir escuchándolo… o ensartarme el tímpano y la cóclea con un destornillador.

martes, 2 de septiembre de 2025

Que te den, Bupropión.

Para qué quiero asomarme al abismo de tu mente…

Apunto con la linterna y aún no distingo si son mariposas o murciélagos las misteriosas criaturas que revolotean por mi estómago. Podría abrir la boca y dejarlas escapar en torbellino como hacía el coprotagonista de La Milla Verde, pero temo que la idea no salga bien y acaben formando una nube a mi alrededor. Quizás la gastroenteritis de la semana pasada era un mal presagio.

domingo, 21 de abril de 2024

miércoles, 28 de febrero de 2024

Mi límite es el cielo.

Saltaré por la azotea colgado de la estrella más brillante de todo el firmamento y con la punta de mis dedos, trazaré una estela de purpurina a lo largo del trayecto. Inspiraré profundamente, me pondré de puntillas para ser más ligero que una pluma y volaré hacia lo más alto del espacio dando volteretas en un remolino de polvo cósmico. Allí, espíritus celestiales que todo iluminan acudirán a mi encuentro. En ese preciso instante, justo en el centro del infinito, los sonidos de la Tierra no serán más que murmullos de recuerdos lejanos y ya no habrá dolor.

♫ Aníron - Enya

miércoles, 3 de mayo de 2023

Reflejarán.

Para qué quiero asomarme al abismo de tu mente, si voy a contemplar con vértigo la maravilla de paisaje, encerrada en mi jaula y con plumas creciendo en mi espalda. 

Para qué asomarme al abismo de tu mente y ver a lo lejos, estrellas brillando con luz del pasado en un presente ilusorio, oscuro e inerte. 

Para qué observar curiosa a través de la cerradura tu mundo interior inmenso, si la llave que abre esa puerta quedó atrapada en algún instante del tiempo


"All these words that I left unspoken
I will say when I meet you again
I see you but I can′t feel your presence
I feel you but you′re fading away

Let it all wither...
Let it all wither and let it go"

jueves, 29 de diciembre de 2022

Fuera de servicio.

La película terminaba con Balto abrazando a las dos partes de su naturaleza: la del perro y la del lobo. Yo me siento en el mismo limbo que él pero aullando a una luna fuera de servicio y sin auroras boreales que anuncien la vuelta al hogar. 

A veces me abrazo a mí misma en un arranque de autocompasión y fantaseo con interactuar con la niña alegre de mi pasado para decirle lo increíblemente única que me parece. Inmediatamente después me miro en el espejo y la imagen del presente me devuelve un sentimiento de fracaso y desolación total fruto de una vida desquiciada y desgastada. Justo en ese instante, aunque no quiera, aflora en mi mente como un germen aquel video de los suburbios de internet en donde once miembros de una familia hindú mueren ahorcados en el techo de su salón como consecuencia de una especie de ritual desarrollado por ellos mismos.

"...entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento". - Hermann Hesse

El Chico (Borradores 2014).

Parecía increíble, pero pese a todos mis esfuerzos por evitarlo haciendo un repaso de las distintas técnicas de relajación, pocas veces en la vida había alcanzado tales niveles de nerviosismo. Él no miraba jamás a la cara, y eso en cierto modo hacía el proceso más sencillo a la par que complicado: Por un lado, no estaba expuesta a unos ojos expectantes a la espera de que yo, con mi torpeza singular fuese capaz de verbalizar alguna oración con sentido, pero por otro, su mirada huidiza e inquieta situaba a El Chico en otro planeta muy lejos de aquí en donde la comunicación podría llegar con ciertas interferencias. En cualquier caso, me armé de valor y con un hilito de voz casi inaudible le dije “Voy a echarte de menos”. No obtuve respuesta, El Chico no hablaba, pero de alguna manera yo percibía que él estaba contento con mi compañía, haciéndome partícipe de la tranquilidad y el silencio del momento, que me animaba incluso a entonar algunas cancioncillas mientras balanceaba sus manos al ritmo de la melodía.

Siempre fui soñadora, imaginando mil y una alternativas paralelas a una realidad tangible que poco o nada tenían que ver con ella. “Complejo de exclusividad” lo denominó un compañero de clase, perteneciente como yo, al colectivo de quasi psicólogos de la universidad. Pero lo cierto es que por alguna razón, El Chico me hacía sentir especial, envolviéndome en una complicidad difícil de determinar pero presente en el ambiente, en cada uno de sus silbidos sordos, o en la manera en que zarandeaba la cabeza cuando escuchaba alguna melodía pegadiza mientras exclamaba con una voz aguda y cómica  “¡Piru, piru, piru!”.

jueves, 7 de febrero de 2019

Y a quien madruga, Dios no existe.

Irrumpió en la vida de todos colándose por la puerta de atrás como un maquiavélico caballo de Troya capaz de fulminar hasta la más potente de todas las máquinas: . Se presentó sin pensarlo dos veces, con premeditación y alevosía, con nombre y apellido: Carcinomatosis Peritoneal, Carcinomatosis Peritoneal... Resuena en mi cabeza a horas intempestivas con un eco incesante emitido por miles de gargantas rasgadas, como si de alaridos procedentes del mismísimo infierno se tratara.  No alcanzo a asimilar la inmensidad de no volver a verte, no puedo hacer frente a los meses que se avecinan.

Te quiero, te quiero, te quiero.